Esos locos cacharros
No recuerdo como nació mi afición a los coches. Desde muy pequeñito ya me gustaba montarme en ellos y distinguía cada marca y modelo. En mi familia no hay nadie que le gusten tanto y que metiera la gasolina en las venas. Fue esta afición la que me llevó a estudiar ingeniería industrial especialidad mecánica de máquinas, aunque hoy tengo miras más amplias y no me importaría dedicarme a cualquier tipo de maquinaria.
El carné de conducir me lo saqué a la segunda el 17 de junio de 1999 en un Opel Astra Diesel del 96. Este coche tenía más de 170.000 km. cuando yo lo dejé y la transmisión hecha polvo. Las marchas y el embrague estaban durísimos y la marcha atrás rascaba que daba gusto. Afortunadamente lo repararon antes del examen, cambiando como de la noche al día.
Ya con el carné en mi poder empecé cogiendo el coche de mi padre, un Nissan Primera 1.6 GX del 96. Era un coche durísimo, aunque se calaba desesperadamente fácil para un conductor novato como yo. Durante dos años aguantó como un campeón todas mis perrerías de novato sin pasar por el taller más que para las revisiones de rigor. El pobre acabó sus días el 10 de julio de 2001 en un choque frontal en la N-111 (afortunadamente hoy ya autovía A-12). El cuentakilómetros marcaba entonces 100.000 km. Desafortunadamente no tengo ninguna foto de este coche, una lástima porque guardo fabulosos recuerdos de él.
Una semana después de esto llegó a casa un Nissan Almera Tino 2.2 Di Ambience. Hoy sigue siendo nuestro coche de diario. Es más práctico que la carrocería sedán del Primera, a pesar de que la estética "huevo" no sea tan bonita. Frena muy bien para ser un Nissan, aunque el motor no empuja nada por debajo de 2000 rpm y eso es un poco molesto a veces.
Un día de agosto de ese mismo verano se me ocurrió la feliz idea de pedirle prestado el coche a mi abuelo para ir a hacer un recado. Mi abuelo tenía un Seat Ritmo 75 CLX que había comprado nuevo 19 años antes. Desde el primer día que me monté a dar una vuelta en él me fascinó de tal manera que cualquier Ritmo que veía por la calle me hacía girar la cabeza. Pero sin duda, el día que pude sentarme al volante y darme una vuelta con él me terminó de enganchar. No podía ver como ese coche iba camino del desguace, así que empecé a cogerlo cada vez más y más hasta el 2005, cuando pasó a ser mi primer coche y también mi "escuela de mecánica". En un futuro espero poder retirarlo de la circulación diaria, restaurarlo y sacarlo a dar una vuelta por el simple placer de conducir este coche tan especial para mí.
Os dejo algunas fotos de "esos locos cacharros". Sé que hay algunas más curiosas en casa pero tengo que encontrarlas.

El Almera de mi padre, con unos pocos mosquitos en el morro.

Mi Seat Ritmo, recién lavadito para la foto.

La
Fiat Ducato de mi padre, en
un retorcido camino cerca de Guillena (Sevilla).

El Citroën C4 de mi hermano, comprado en octubre de 2006. Es su primer coche.